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    Evangelio del dia Sabado 14 de Marzo - Según San Lucas Lc 15, 1-3. 11-32


     Evangelio del dia Sabado 14 de Marzo

    Lectura del Día

    Lectura del libro del profeta Miqueas
    Mi 7, 14-15. 18-20


    Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado,
    al rebaño de tu heredad,
    que vive solitario entre malezas
    y matorrales silvestres.
    Pastarán en Basán y en Galaad,
    como en los días de antaño,
    como cuando salimos de Egipto
    y nos mostrabas tus prodigios.
    ¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad
    y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel?
    No mantendrás por siempre tu cólera,
    pues te complaces en ser misericordioso.
    Volverás a compadecerte de nosotros,
    aplastarás con tus pies nuestras iniquidades,
    arrojarás a lo hondo del mar nuestros delitos.
    Serás fiel con Jacob y compasivo con Abraham,
    como juraste a nuestros padres en tiempos remotos,
    Señor, Dios nuestro.


    Salmo

    Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 
    R/. El Señor es compasivo y misericordioso

    Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios. R/.


    Él perdona todas tus culpas
    y cura todas tus enfermedades;
    él rescata tu vida de la fosa,
    y te colma de gracia y de ternura. R/.


    No está siempre acusando
    ni guarda rencor perpetuo;
    no nos trata como merecen nuestros pecados
    ni nos paga según nuestras culpas. R/.


    Como se levanta el cielo sobre la tierra,
    se levanta su bondad sobre los que lo temen;
    como dista el oriente del ocaso,
    así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.



    Evangelio del Día


    Evangelio según san Lucas
    Lc 15, 1-3. 11-32


    En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.
    Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me toca’. Y él les repartió los bienes.
    No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.
    Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.
    Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.
    Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.
    El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
    Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.
    El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ ”.


     Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida

     Reflexión Padre Luis Zazano.

    Reflexión Fray Nelson Medina.

     Dios siempre tiene la iniciativa en nuestra conversión y también tiene la compasión de hacer el camino con nosotros.

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