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    Evangelio del Día Viernes 3 de Abril - San Juan 10, 31-42


      Evangelio del Día  Viernes 3 de Abril

    Lectura del Día

    Jer 20, 10-13
    En aquel tiempo, dijo Jeremías:
    “Yo oía el cuchicheo de la gente que decía:
    ‘Denunciemos a Jeremías,
    Denunciemos al profeta del terror’.
    Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos,
    esperaban que tropezara y me cayera, diciendo:
    ‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos
    y podremos vengarnos de él’.

    Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado;
    por eso mis perseguidores caerán por tierra
    y no podrán conmigo;
    quedarán avergonzados de su fracaso
    y su ignominia será eterna e inolvidable.

    Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo
    y conoces lo más profundo de los corazones,
    haz que yo vea tu venganza contra ellos,
    porque a ti he encomendado mi causa.

    Canten y alaben al Señor,
    porque él ha salvado la vida de su pobre
    de la mano de los malvados’’.



    Salmo

    Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 
    R/. En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó

    Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
    Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.


    Dios mío, peña mía, refugio mío,
    escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
    Invoco al Señor de mi alabanza
    y quedo libre de mis enemigos. R/.


    Me cercaban olas mortales,
    torrentes destructores me aterraban,
    me envolvían las redes del abismo,
    me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.


    En el peligro invoqué al Señor,
    grité a mi Dios:
    desde su templo él escuchó mi voz,
    y mi grito llegó a sus oídos. R/.


    Evangelio del Día


    Jn 10, 31-42

    En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”
    Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.
    Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.

     El Padre está en mí y yo en el Padre

    Reflexión Padre Luis Zazano


    Reflexión Fray Nelson Medina.

     No te dejes convencer por falsos profetas que quieren dejarte tranquilo en el pecado, debes saber que esto traerá sufrimiento y a veces entendamos o no el Señor siempre está nosotros.



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