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    Evangelio del Día Miercoles 8 de Abril - San Mateo 26, 14-25


      Evangelio del Día  Miercoles 8 de Abril

    Lectura del Día

    Is 50, 4-9

    En aquel entonces, dijo Isaías:
    “El Señor me ha dado una lengua experta,
    para que pueda confortar al abatido
    con palabras de aliento.

    Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
    para que escuche yo, como discípulo.
    El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
    y yo no he opuesto resistencia
    ni me he echado para atrás.

    Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
    la mejilla a los que me tiraban de la barba.
    No aparté mi rostro a los insultos y salivazos.

    Pero el Señor me ayuda,
    por eso no quedaré confundido,
    por eso endurecí mi rostro como roca
    y sé que no quedaré avergonzado.
    Cercano está de mí el que me hace justicia,
    ¿quién luchará contra mí?
    ¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
    Que se me enfrente.
    El Señor es mi ayuda,
    ¿quién se atreverá a condenarme?’’


    Salmo

    Sal 68, 8-10. 21-22. 31 y 33-34 
    R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

    Por ti he aguantado afrentas,
    la vergüenza cubrió mi rostro.
    Soy un extraño para mis hermanos,
    un extranjero para los hijos de mi madre.
    Porque me devora el celo de tu templo,
    y las afrentas con que te afrentan caen sobre mi. R/.


    La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
    Espero compasión, y no la hay;
    consoladores, y no los encuentro.
    En mi comida me echaron hiel,
    para mi sed me dieron vinagre. R/.


    Alabaré el nombre de Dios con cantos,
    proclamaré su grandeza con acción de gracias.
    Miradlo, los humildes, y alegraos;
    buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
    Que el Señor escucha a sus pobres,
    no desprecia a sus cautivos. R/.



    Evangelio del Día


    Mt 26, 14-25

    En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
    El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
    Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

     “¿Acaso soy yo, Maestro?”


     

    Palabras del Santo Padre

    Judas había recibido la inmensa gracia de formar parte del grupo de los íntimos de Jesús y de participar en su propio ministerio, pero en cierto momento pretendió «salvar» por su cuenta su propia vida con el resultado de perderla. Dejó de pertenecer con su corazón a Jesús y se colocó fuera de la comunión con él y con los suyos. Dejó de ser un discípulo y se colocó por encima del Maestro. (Audiencia general 12 de junio de 2019)

    Reflexión Padre Luis Zazano.

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