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    Evangelio del Día Domingo 31 de Mayo 2020 - San Juan Jn 20, 19-23

      Evangelio del Día  Domingo 31 de Mayo

    Primera lectura


    Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
    Hch 2, 1-11

    El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu los inducía a expresarse.
    En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
    Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: "¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".


    Salmo

    Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 
    R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

    Bendice, alma mía, al Señor:
    ¡Dios mío, qué grande eres!
    Cuántas son tus obras, Señor;
    la tierra está llena de tus criaturas. R/.


    Les retiras el aliento, y expiran
    y vuelven a ser polvo;
    envías tu espíritu, y los creas,
    y repueblas la faz de la tierra. R/.


    Gloria a Dios para siempre,
    goce el Señor con sus obras;
    que le sea agradable mi poema,
    y yo me alegraré con el Señor. R/.




    Segunda Lectura


    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios
    1 Cor 12, 3b-7. 12-13

    Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
    Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
    Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.





    Evangelio del Día

    Evangelio segun San Juan
    Jn 20, 19-23

    Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado.
    Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".
    Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".


     Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".
    Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo

    Palabras del Santo Padre


    No sirve de nada saber que el Resucitado está vivo si no vivimos como resucitados. Y es el Espíritu el que hace que Jesús viva y renazca en nosotros, el que nos resucita por dentro. Por eso Jesús, encontrándose con los discípulos, repite: «Paz a vosotros» (Jn 20,19.21) y les da el Espíritu. La paz no consiste en solucionar los problemas externos —Dios no quita a los suyos las tribulaciones y persecuciones—, sino en recibir el Espíritu Santo. En eso consiste la paz, esa paz dada a los apóstoles, esa paz que no libera de los problemas sino en los problemas, es ofrecida a cada uno de nosotros. 
    (SANTA MISA DE LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS Domingo, 9 de junio de 2019)


    Reflexión Fray Nelson Medina

     DOMINGO DE PENTECOSTÉS, CICLO A
    La Promesa de Dios es el Espíritu Santo, no hay don mayor por eso hemos de anhelarlo y pedirlo con frecuencia porque todo lo que es bello, bueno y que tiene la Iglesia viene de Él.

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