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    Evangelio del día Viernes 24 de Septiembre - San Lucas 9, 18-22

    Evangelio del día Viernes 24 de Septiembre

    LECTURA DEL DÍA

    Del libro de Ageo 2, 1-9

    El día veintiuno del séptimo mes del año segundo del reinado de Darío, la palabra del Señor vino, por medio del profeta Ageo, y dijo: “Diles a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judea, y a Josué, hijo de Yosadac sumo sacerdote, y al resto del pueblo: ‘¿Queda alguien entre ustedes que haya visto este templo en el esplendor que antes tenía? ¿Y qué es lo que ven ahora? ¿Acaso no es muy poca cosa a sus ojos?

    Pues bien, ¡ánimo!, Zorobabel; ¡ánimo!, Josué, hijo de Yosadac, sumo sacerdote; ¡ánimo!, pueblo entero. ¡Manos a la obra!, porque yo estoy con ustedes, dice el Señor de los ejércitos. Conforme a la alianza que hice con ustedes, cuando salieron de Egipto, mi espíritu estará con ustedes. No teman’.

    Esto dice el Señor de los ejércitos: ‘Dentro de poco tiempo conmoveré el cielo y la tierra, el mar y los continentes. Conmoveré a todos los pueblos para que vengan a traerme las riquezas de todas las naciones y llenaré de gloria este templo. Mía es la plata y mío es el oro. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero, y en este sitio daré yo la paz’, dice el Señor de los ejércitos”.



    SALMO

    Sal 42,1.2.3.4 
    R/. Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío»

    Hazme justicia, oh Dios,

    defiende mi causa contra gente sin piedad,

    sálvame

    del hombre traidor y malvado. R.


    Tú eres mi Dios y protector,

    ¿por qué me rechazas?,

    ¿por qué voy andando sombrío,

    hostigado por mi enemigo? R.


    Envía tu luz y tu verdad:

    que ellas me guíen

    y me conduzcan hasta tu monte santo,

    hasta tu morada. R.


    Que yo me acerque al altar de Dios,

    al Dios de mi alegría;

    que te dé gracias al son de la citara,

    Dios, Dios mío. R.




    EVANGELIO DEL DÍA

    Evangelio según San Lucas 9, 18-22

    Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los antiguos profetas, que ha resucitado”.

    Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Entonces Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie.

    Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

       Palabra del Señor






    Reflexión Fray Nelson Medina

    Apliquemos el ejercicio del profeta Ajeo a nuestra vida cristiana que es no quedarnos en lo que había y llenarnos de culpa y arrepentimiento sino para tener ánimo y lograr algo mayor y mejor, algo que no existía.

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