Evangelio Domingo 21 de Junio 2026 - Mateo 10, 26-33

Evangelio del dia

Evangelio Domingo 21 de Junio 2026

Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo

Salmo 68
R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Evangelio del día

Evangelio según San Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor

Evangelio Domingo 21 de Junio 2026 - Mateo 10, 26-33


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Reflexion para el Evangelio de San Mateo 10, 26-33

"No tengáis miedo"

En el Evangelio de hoy, Jesús nos dirige una palabra que resuena con fuerza en medio de nuestras inseguridades y temores: "No tengáis miedo". Tres veces repite el Señor esta invitación, como quien conoce la fragilidad de nuestro corazón y quiere llenarlo de una confianza que viene del cielo. En un mundo que a menudo nos invita a vivir con ansiedad, desconfianza o resignación, la voz de Cristo nos llama a una libertad más profunda: la libertad de los hijos de Dios, que saben en quién han creído.

El Señor nos advierte primero sobre el verdadero temor: no debemos temer a quienes pueden quitar la vida del cuerpo, pero no tienen poder sobre el alma. Jesús no minimiza el sufrimiento ni la persecución; sabe que seguirlo puede costar caro. Pero nos invita a mirar más allá, a no dejar que el miedo a los hombres, a las críticas, al rechazo o incluso a la muerte, paralice nuestro testimonio. Porque hay un temor que libera: el temor reverente a Dios, que es reconocimiento de su grandeza, confianza en su justicia, abandono en sus manos. Quien teme a Dios, no teme a nada más.

Y entonces Jesús nos revela el corazón del Padre: "¿No se venden dos gorriones por una moneda? Pues bien, ninguno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados". ¡Qué imagen tan tierna y profunda! Dios no es un espectador lejano; es un Padre que conoce lo íntimo de nuestra vida, que cuenta cada cabello, que recoge cada lágrima, que sostiene cada paso. Si su providencia cuida hasta del más pequeño de los pájaros, ¿cuánto más cuidará de ti, que vales mucho más que muchos gorriones? Esta certeza debe arraigarse en lo más hondo de nuestro ser: no estamos solos, no somos un número, no somos fruto del azar. Somos amados con un amor personal, único, eterno.

Por eso, hermanos, el Evangelio nos impulsa al valiente testimonio: "A todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en el cielo". Jesús no nos pide un discurso perfecto ni una fe sin dudas; nos pide un corazón sincero que no se avergüenza de pertenecerle. Confesar a Cristo no significa solo pronunciar su nombre, sino vivir como Él, amar como Él, perdonar como Él, esperar como Él. Es dejar que nuestra vida entera sea un "sí" audible y visible al amor de Dios. Y cuando flaqueamos, cuando callamos por miedo, cuando nos avergonzamos del Evangelio, el Señor nos tiende la mano: su misericordia es más grande que nuestra debilidad. Basta con volver a Él con humildad para que su gracia nos levante.

Hoy, en medio de las pruebas personales, de las incomprensiones, de las cruces que cada uno lleva, Jesús nos repite: "No tengáis miedo". No temáis al futuro, porque el Padre lo tiene en sus manos. No temáis a la soledad, porque Él camina a vuestro lado. No temáis a la muerte, porque es el paso a la vida verdadera. La fe no nos libra del sufrimiento, pero nos da la fuerza para atravesarlo con esperanza. El amor de Dios no nos exime de la lucha, pero nos asegura la victoria final.

NOTA : El Evangelio del dia puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.