Evangelio Viernes 24 de Abril 2026 - Juan 6, 52-59

Evangelio del dia

Evangelio Viernes 24 de Abril 2026

Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy

Lectura del día

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 1-20

En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
Dijo él:
«¿Quién eres, Señor?».
Respondió:
«Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
«Ananías».
Respondió él:
«Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo:
«Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó:
«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Salmo

Salmo 116, 1. 2
R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio del día

Evangelio según San Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Palabra del Señor

Evangelio Viernes 24 de Abril 2026 - Juan 6, 52-59


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Reflexion para el Evangelio de San Juan 6, 52-59

"Mi Carne es verdadera comida, mi Sangre es verdadera bebida"

"¿Cómo puede este darnos a comer su carne?": El escándalo de la fe
La reacción de los judíos es humana y comprensible: la propuesta de Jesús suena a canibalismo, a absurdo. Pero Jesús no suaviza sus palabras; al contrario, las intensifica. No habla en metáforas: usa el verbo trōgō ("masticar", "roer"), un término crudo y realista. El misterio eucarístico siempre ha sido "locura" para la sabiduría mundana (1 Co 1,23). La fe no consiste en comprenderlo todo, sino en confiar en la Palabra de Aquel que es la Verdad. Como enseña el Papa Francisco: "La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un remedio para los débiles. Cristo se entrega precisamente porque sabemos que no estamos a la altura" .

"Si no coméis... no tenéis vida en vosotros": La necesidad del Sacramento
Jesús no presenta la Eucaristía como una opción piadosa, sino como condición para la vida: "no tenéis vida en vosotros". La "vida" (zōē) que menciona Juan es la vida divina, la comunión con la Trinidad. Sin el alimento eucarístico, el alma se debilita, se seca, pierde su savia. El Catecismo lo expresa con claridad: "La Eucaristía es 'fuente y culmen de toda la vida cristiana'. Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan" (CIC 1324) .

"Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida": El realismo eucarístico
Jesús insiste: "verdadera comida... verdadera bebida". No dice "esto simboliza mi cuerpo", sino "esto es mi cuerpo" (cf. Mt 26,26). La Iglesia ha defendido siempre la presencia real de Cristo en la Eucaristía: bajo las especies de pan y vino, Cristo está presente "verdadera, real y sustancialmente: con su Cuerpo, con su Sangre, con su Alma y su Divinidad" (CIC 1374) . Esta verdad no es para ser comprendida plenamente, sino para ser adorada. Como exclamaba Santo Tomás de Aquino: "¡Oh, banquete sagrado, en que Cristo es nuestra comida; se celebra el memorial de su Pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura!" .

"Permanece en mí y yo en él": La comunión que transforma
La Eucaristía no es solo un encuentro pasajero; es una mutua inmanencia: "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". Esta unión íntima es el corazón de la vida mística: Cristo vive en el creyente, y el creyente vive en Cristo. San Agustín lo expresaba así: "No serás tú quien me transforme en ti, como el alimento corporal, sino que tú serás transformado en mí" . Cada comunión bien dispuesta nos configura más con Cristo, nos hace "otros Cristos".

"Vivirá por mí... vivirá para siempre": La Eucaristía, prenda de resurrección
Jesús vincula la Eucaristía con la resurrección: "Yo lo resucitaré en el último día". El Pan eucarístico es "medicina de inmortalidad", como decían los Padres de la Iglesia. No elimina la muerte física, pero la transforma: quien se alimenta de Cristo ya participa de su victoria pascual. La Misa no es solo un recuerdo; es actualización del sacrificio redentor y anticipación del banquete celestial. Como enseña el Concilio Vaticano II: "En la Eucaristía se nos da la prenda de la gloria futura y de la resurrección" (Sacrosanctum Concilium, 47) .

NOTA : El Evangelio del dia puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.