Evangelio Domingo 4 de Enero 2026 - Juan 1, 1-18

Evangelio del dia

Evangelio Domingo 4 de Enero 2026

2º Domingo depues de Navidad

Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy - Palabra de Fe

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloría ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel”.
Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca más dejaré de existir.
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».

Salmo

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20
R/. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

Glorifica al Señor Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Evangelio del día

Evangelio según San Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Palabra del Señor

Evangelio Domingo 4 de Enero 2026 - Juan 1, 1-18

Calendario Anual

Reflexion para el Evangelio de San Juan 1, 1-18

“La Palabra se hizo carne”

En los primeros versículos del Evangelio de Juan, no encontramos un relato de nacimiento, como en Mateo o Lucas, sino una contemplación mística y teológica del misterio de la Encarnación. Juan nos lleva más allá del pesebre: nos introduce en el corazón mismo de Dios.

1. La Palabra eterna (vv. 1-5)
“En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. Estas palabras resuenan como un eco del Génesis, pero van más lejos: no solo hablan del origen del mundo, sino del origen divino de Cristo. La Palabra no es una idea o un concepto, sino una Persona: el Hijo eterno, consustancial al Padre. Él es la “luz verdadera que alumbra a todo ser humano”. En un mundo muchas veces oscurecido por el pecado, la violencia y la indiferencia, Cristo sigue siendo esa luz que “las tinieblas no pudieron apagar”.

2. El testimonio de Juan el Bautista (vv. 6-8)
Juan el Bautista no es la luz, sino el testigo de la luz. Aquí la Iglesia nos recuerda que todos los cristianos somos llamados a ser testigos, no protagonistas. Nuestra misión no es brillar por nosotros mismos, sino apuntar siempre a Cristo, la verdadera luz del mundo.

3. La Palabra viene a su propia casa… y no es recibida (vv. 9-11)
Una de las frases más conmovedoras y dolorosas del Evangelio: “A los suyos vino, y los suyos no lo recibieron”. Dios se hace cercano, entra en la historia humana, se hace uno de nosotros… y muchos lo rechazan. Hoy también Cristo sigue siendo rechazado: en la indiferencia, en la exclusión del espacio público, en los corazones que lo ignoran o lo niegan. Pero no toda la historia termina en rechazo.

4. A los que lo recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios (vv. 12-13)
¡Qué inmensa gracia! No somos hijos de Dios por méritos propios, ni por nacimiento biológico, sino por la fe y la acogida de Cristo. La filiación divina es un regalo. Ser hijos de Dios no es una metáfora, sino una realidad ontológica: por el bautismo, somos injertados en Cristo y participamos de su vida divina.

5. La Palabra se hizo carne (v. 14)
Este es el corazón del misterio cristiano: el Verbo eterno, que existía desde antes de los siglos, “se hizo carne y habitó entre nosotros”. “Habitó” en griego es “eskēnōsen”, que literalmente significa “plantó su tienda” —como la Tienda del Encuentro en el desierto. Dios ya no está lejos; ha acampado en medio de nosotros. En Jesucristo, Dios tiene rostro humano, manos que sanan, ojos que lloran, un corazón que ama hasta el extremo.

6. Hemos visto su gloria (v. 14)
La gloria de Dios ya no se manifiesta solo en truenos y fuego, como en el Sinaí, sino en la humildad de un niño en un pesebre, en la cruz de un condenado, en el pan eucarístico. La gloria de Cristo es la gloria del amor que se entrega. Y los discípulos, y nosotros con ellos, hemos sido testigos de esa gloria: “llena de gracia y de verdad”.

7. La plenitud en Cristo (vv. 16-18)
De su plenitud “todos hemos recibido, gracia sobre gracia”. La Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad —es decir, la revelación definitiva de quién es Dios— vienen por medio de Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, lo ha dado a conocer. Cristo no solo habla de Dios: Él es Dios. En Él, Dios se ha mostrado plenamente.

NOTA : El Evangelio del dia puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.