Evangelio Domingo 8 de Febrero 2026 - Mateo 5, 13-16

Evangelio del dia

Evangelio Domingo 8 de Febrero 2026

Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy - Palabra de Fe

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Esto dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».

Salmo

Salmo 111 1, 4-5. 6-7. 8a, y 9
R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R/.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.
También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Evangelio del día

Evangelio según San Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor

Evangelio Domingo 8 de Febrero 2026 - Mateo 5, 13-16

Calendario Anual

Reflexion para el Evangelio de San Mateo 5, 13-16

En este pasaje del Sermón de la Montaña, Jesús nos entrega una de las identidades más profundas del cristiano: somos sal y luz. No se trata de una invitación opcional, sino de una misión esencial que brota del bautismo. Ser sal y luz no es algo que hacemos, sino lo que somos por gracia de Dios.

La sal es símbolo de sabor, de conservación y de pureza. En la antigüedad, la sal era preciosa: daba sabor a la comida, evitaba la corrupción y era signo de alianza (cf. Lv 2,13). Jesús nos recuerda que, como discípulos suyos, estamos llamados a dar “sabor” al mundo con la alegría del Evangelio, a preservar la dignidad humana, la verdad y la justicia, y a ser fermento de comunión en medio de una sociedad que muchas veces se desintegra. Pero advierte con firmeza: si perdemos nuestro “sabor” evangélico—es decir, si vivimos como cualquier otra persona sin testimonio de fe—, ya no servimos para nada.

La luz, por su parte, no se enciende para sí misma, sino para iluminar. Así también nuestra vida cristiana no debe permanecer escondida en lo privado, sino irradiar el amor, la misericordia y la verdad de Cristo en todas nuestras acciones. Nuestra luz no es nuestra, sino que proviene de Cristo, “la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn 1,9). Por eso, el objetivo no es que nos alaben a nosotros, sino que al ver nuestras buenas obras, glorifiquen al Padre.

En un mundo muchas veces marcado por la indiferencia, la mentira y la oscuridad del pecado, la Iglesia —y cada bautizado— está llamada a ser presencia transformadora: sal que da sabor a la esperanza, luz que orienta en medio de la confusión.

San Juan Pablo II decía: “¡No tengan miedo! ¡Abran, más aún, ábranle de par en par las puertas a Cristo!”. Ser sal y luz es precisamente eso: no esconder la fe, sino vivirla con coherencia, valentía y humildad, sabiendo que solo en Cristo el mundo encuentra su verdadero sabor y su verdadera luz.

NOTA : El Evangelio del dia puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.