Evangelio Miercoles 8 de Abril 2026 - San Lucas 24, 13-35

Evangelio del dia

Evangelio Miercoles 8 de Abril 2026

Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy

Lectura del dia

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 1-10

En aquellos días, Pedro y Juan subían al tempo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Salmo

Salmo 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9
R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas todos los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio del día

Evangelio según San Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor

Evangelio Miercoles 8 de Abril 2026 - San Lucas 24, 13-35


Escuchar el Evangelio del dia

Calendario Anual

Reflexion para el Evangelio de San Lucas 24, 13-35

Jesús camina con nosotros en la tristeza
Los discípulos van "tristes y abatidos" (v. 17), alejándose de Jerusalén, símbolo de la comunidad de fe. Sus expectativas se han derrumbado: "Nosotros esperábamos que Él fuera el que libraría a Israel" (v. 21). Cuántas veces nosotros también caminamos decepcionados, cuando los planes de Dios no coinciden con los nuestros. Pero el Resucitado no los abandona: "Jesús siempre sale al encuentro de los suyos en su andar abatido y sin perspectiva"
Él se acerca como compañero de camino, aunque no lo reconozcamos.

La pedagogía divina: escuchar, explicar, partir el pan
Jesús no se revela de inmediato. Primero escucha sus penas, luego ilumina su inteligencia con las Escrituras, y finalmente se da a conocer en la fracción del pan. Este triple movimiento nos enseña cómo encontramos al Señor hoy:
En la Palabra: "Las Escrituras son indispensables para el encuentro con el Señor"
En la Eucaristía: "En la Liturgia de la Eucaristía, Jesús se dona a sí mismo, Pan de la vida eterna"
En la comunidad: El reconocimiento de Cristo impulsa a regresar a Jerusalén, a la fraternidad.

"¿No ardía nuestro corazón...?" – La fe que se enciende
La expresión "ardía nuestro corazón" (v. 32) describe la experiencia interior de quien escucha a Cristo con fe. No es un sentimiento pasajero, sino el fuego del Espíritu que transforma la duda en certeza, la tristeza en alegría. Como enseñaba Benedicto XVI: "El encuentro con Cristo resucitado... nos da una fe más profunda y auténtica, templada por el fuego del acontecimiento pascual"
La verdadera fe no nace de ideas, sino del encuentro personal con el Viviente.

El reconocimiento en la fracción del pan
"Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio" (v. 30). Estos gestos evocan la Última Cena y nos revelan que la Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro con el Resucitado. Los ojos de los discípulos se abren no por un milagro espectacular, sino en el gesto sencillo y sacramental del pan compartido. Hoy, en cada Misa, Jesús "parte el pan" para nosotros: "La misa, presencia viva de Jesús resucitado, nos ilumina y nos regresa hacia Jerusalén"

De Emaús a Jerusalén: la misión del testigo
Inmediatamente después de reconocer a Jesús, los discípulos "se levantaron y regresaron a Jerusalén" (v. 33). La experiencia de encuentro no es para guardarse, sino para compartirse. Ellos se convierten en mensajeros: "Contaban lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan" (v. 35). Así nace la misión de cada bautizado: llevar a otros la alegría de saber que "¡El Señor ha resucitado realmente!" (v. 34).


NOTA : El Evangelio del dia puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.