Lecturas, Salmo y Evangelio de Hoy - Palabra de Fe
Evangelio Jueves 7 de Agosto 2025 - San Mateo 16, 13-23
Lectura del día
Lectura del libro de los Números 20, 1-13
En aquellos días, la comunidad entera de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron.
Faltó agua a la comunidad y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo protestó contra Moisés, diciendo:
«¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué has traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él, nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos has sacado de Egipto para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano ni higueras ni viñas ni granados ni agua para beber?».
Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la entrada de la Tienda del Encuentro, y se postraron rostro en tierra delante de ella. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés:
«Coge la vara y reunid la asamblea, tú y tu hermano Aarón, y habladle a la roca en presencia de ellos y ella dará agua. Luego saca agua de la roca y dales de beber a ellos y a sus bestias».
Moisés retiró la vara de la presencia del Señor, como se lo mandaba. Moisés y Aarón reunieron la asamblea delante de la roca; Moises les dijo:
«Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacaros agua de esta roca?».
Moisés alzó la mano y golpeó la roca con la vara dos veces, y brotó agua tan abundante que bebió toda la comunidad y las bestias.
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
«Por no haberme creído, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los hijos de Israel, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les he dado».
(Esta es Fuente de Meribá, donde los hijos de Israel disputaron con el Señor, y él les mostró su santidad).
Salmo
Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
Evangelio del día
Evangelio según San Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Palabra del Señor
Evangelio Jueves 7 de Agosto 2025 - San Mateo 16, 13-23
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Reflexión para el Evangelio de San Mateo 16, 13-23
El pasaje de
San Mateo 16, 13-23 es uno de los más profundos y fundamentales del evangelio, ya que contiene la declaración central sobre la identidad de Jesús y el fundamento de la Iglesia. A través de este episodio, somos invitados a reflexionar sobre quién es Jesús para nosotros y cómo su llamado al discipulado implica renunciar a nuestros propios planes para abrazar su voluntad. Este texto nos desafía a profundizar en nuestra fe, reconocer a Cristo como el Hijo de Dios y asumir nuestra misión como parte de su Iglesia.
La pregunta clave: ¿Quién dicen que soy yo?
Jesús comienza preguntando a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Las respuestas reflejan las opiniones populares de la época: algunos lo comparan con Juan el Bautista, otros con Elías o Jeremías, y otros simplemente con uno de los grandes profetas. Estas interpretaciones, aunque respetuosas, son insuficientes porque no captan la verdadera identidad de Jesús.
Luego, Jesús dirige la pregunta directamente a los discípulos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Esta es la pregunta más importante que se nos puede hacer como creyentes. No se trata solo de repetir lo que otros dicen, sino de responder desde nuestro corazón y nuestra experiencia personal. Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, responde con una profunda confesión de fe: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente."
La confesión de Pedro y el fundamento de la Iglesia
La respuesta de Pedro es un momento decisivo en el evangelio. Jesús lo elogia diciendo: "Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos." Aquí vemos que la fe no proviene de nuestras propias fuerzas, sino de la gracia de Dios que ilumina nuestro entendimiento.
A partir de esta confesión, Jesús declara: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella." Con estas palabras, Jesús establece a Pedro como la piedra angular de su Iglesia, otorgándole las llaves del Reino de los Cielos. Este pasaje subraya la importancia de la Iglesia como instrumento de salvación y unidad, guiada por el Espíritu Santo.
Sin embargo, es crucial recordar que la fortaleza de la Iglesia no depende de Pedro o de cualquier otro líder humano, sino de la fe en Cristo que ellos representan. La Iglesia está fundada sobre la roca de la verdad revelada por Dios: Jesús es el Mesías, el Salvador prometido.
El anuncio de la Pasión y el rechazo de Pedro
Después de este momento glorioso, Jesús comienza a hablar abiertamente sobre su próxima Pasión: su sufrimiento, muerte y resurrección. Sin embargo, Pedro, quien acababa de proclamarlo como el Mesías, reacciona con incredulidad y protesta: "¡Dios te libre, Señor! ¡Eso no te puede pasar!" Pedro aún no comprende que la misión mesiánica de Jesús incluye el camino de la cruz.
Jesús responde con dureza: "¡Apártate de mí, Satanás! Me sirves de tropiezo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres." Estas palabras son un recordatorio claro de que incluso aquellos que aman a Jesús pueden caer en tentaciones cuando priorizan sus propios deseos sobre la voluntad divina. Pedro quería un Mesías triunfante sin crucifixión, pero Jesús nos enseña que el amor verdadero exige sacrificio.
Este episodio nos invita a examinar nuestras propias actitudes hacia el sufrimiento y la cruz. A menudo, como Pedro, preferimos evitar el dolor y buscar caminos fáciles. Pero Jesús nos recuerda que el discipulado implica renunciar a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirlo fielmente.
Un llamado a la conversión y al seguimiento
Reconocer a Jesús como el Mesías :
La fe en Cristo no es simplemente una creencia intelectual; es una relación personal que transforma nuestras vidas. Al igual que Pedro, estamos llamados a decir con convicción: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente." Esta confesión debe ser el fundamento de nuestra vida espiritual.
Aceptar el camino de la cruz :
Seguir a Jesús no significa evitar el sufrimiento, sino abrazarlo con amor y confianza, sabiendo que la cruz lleva a la gloria de la resurrección. Nosotros también debemos apartar de nosotros cualquier pensamiento o actitud que contradiga la voluntad de Dios.
El episodio de la confesión de Pedro y el anuncio de la Pasión nos desafía a profundizar en nuestra relación con Cristo. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Estoy dispuesto a seguirlo incluso cuando su camino parece difícil o incomprensible? Que este pasaje nos inspire a renovar nuestra fe en Él, a apoyar y construir su Iglesia, y a abrazar la cruz con valentía, sabiendo que la victoria final pertenece a Cristo. ¡Aleluya! Cristo vive y nos invita a compartir su misión de amor y salvación.
NOTA : El Evangelio del día puede variar segun su pais por alguna celebracion local o Fiesta Patronal, etc.
El Evangelio aqui publicado se basa generalmente en el calendario liturgico del Vaticano, salvo algunas excepciones.